17 de marzo de 2010

Don Artículo Tercero Constitucional


Don Artículo Tercero Constitucional nació en 1917. Dicen sus partidarios que no tiene muerte prevista, que su permanencia es ilimitada. Ha sido operado varias veces para que siga vivo. Pobre don Artículo Tercero, no tiene la culpa de ser parte de La Constitución.  Pobre don Tercero, nadie le hace caso. Grita, y nada. Le dijeron que en materia de educación en México él mandaría, pero se convirtió en un fantasma apenas visible.

Don Tercero comienza su aparición en el mundo diciendo:

“Todo individuo tiene derecho a recibir educación.” 
Don Tercero, usted sabe cuánta gente marginada no tiene realmente el acceso a una educación, ni se diga a una buena educación. Pero esto es sólo el principio. Don Tercero, sabiendo que él manda, dijo también:

“La educación que imparta el Estado tenderá a desarrollar armónicamente todas las facultades del ser humano y fomentará en él, a la vez, el amor a la Patria y la conciencia de la solidaridad internacional, en la independencia y en la justicia.” 
La educación pública en México no desarrolla plenamente las facultades del ser humano. Ni siquiera parece intentarlo. La nueva reforma pretende volver a los alumnos más competentes, más capaces e independientes. Le otorgo el beneficio de la duda, pero lo veo difícil, por la falta de iniciativa y vocación en el magisterio.  


Por otro lado, eso de fomentar el amor a la patria creo que se ha entendido bastante mal. Amor a la patria, en todo caso, no es aprenderse de memoria las biografías de todos los “héroes nacionales”, ni cantar el himno todos los lunes, ni recortar banderitas para los periódicos murales. Creo que fomentar el amor al país es instar a los alumnos, desde niños, a pensar constructivamente en la nación, a volverse propositivos en vez de memorizadores, a buscar las soluciones a los problemas de las comunidades, y a percatarse de que si queremos que el país mejore tenemos que mejorar nosotros mismos. Además, se trata de fomentar el amor al sitio en que vivimos para tener una mejor calidad de vida. Ese amor es un medio y no un fin, no es patrioterismo irracional.

Y no somos independientes, ¿cómo vamos a fomentarlo si no sabemos serlo? Dependemos de otras economías, de otros mercados, de otras personas, de otras ideologías, de comportamientos y hábitos de consumo extranjeros, de lo que piensen los demás. Y sobre la justicia, ni hablar. Es la ausente constante.

Para ver más problemas relacionados con el aprendizaje en México, lee esta entrada.

Don Tercero siguió dictando:

“El criterio que orientará a esa educación se basará en los resultados del progreso científico, luchará contra la ignorancia y sus efectos, las servidumbres, los fanatismos y los prejuicios.” 
Pobre don Tercero, no se imaginaba en quién recaería esta labor. ¿Cómo puede llevarse a cabo esto, si la actualización en el magisterio muchas veces es un protocolo sin resultados?¿Si sólo se basa la enseñanza en libros que son editados cada varios años? La ciencia sigue avanzando y los libros no se actualizan oportunamente, ni se fomenta la investigación en otras fuentes más actuales. ¿Cómo luchar contra la ignorancia si nos llevamos tan bien con ella?

No veo la lucha. Quisiera decir que sí, pero no la veo.

Pero el plan de don Tercero no se quedó ahí. Continúa diciendo:

“[El criterio que orientará a la educación] Será democrático, considerando a la democracia no solamente como una estructura jurídica y un régimen político, sino como un sistema de vida fundado en el constante mejoramiento económico, social y cultural del pueblo”
Será nacional, en cuanto sin hostilidades ni exclusivismos― atenderá a la comprensión de nuestros problemas, al aprovechamiento de nuestros recursos, a la defensa de nuestra independencia política, al aseguramiento de nuestra independencia económica y a la continuidad y acrecentamiento de nuestra cultura.”
Esta parte me da ganas de llorar. Si la educación pública fuera así, ¡qué niños tendríamos! Y por consecuencia, ¡qué ciudadanos! No sólo seríamos más independientes como nación, y más democráticos y más críticos como personas. Seríamos, además, peligrosos para el gobierno.

Don Tercero sigue:

“Contribuirá a la mejor convivencia humana, tanto por los elementos que aporte a fin de robustecer al educando, junto con el aprecio para la dignidad de la persona y la integridad de la familia, la convicción de interés general de la sociedad, cuanto por el cuidado que ponga en sustentar los ideales de fraternidad e igualdad de derechos de todos los hombres, evitando los privilegios de razas, de religión, de grupos, de sexos o de individuos.”
Tal parece que tienen algo en contra de don Tercero. Tan noble, él, y parece que el país se empeña en llevarle la contraria. ¿Educandos robustecidos? ¿Integridad familiar? ¿Interés general de la sociedad? ¿Evitar privilegios individuales?

Este es don Tercero, con su autoridad mermada, parte de la comunidad de Artículos Pisoteados. Es el artículo utópico, inalcanzable en apariencia.
Y parece que don Tercero ha nacido hoy. No parece que tenga poco menos de un siglo de vida. Es como si hubiera visto los problemas de México de hoy y se hubiera redactado a sí mismo para componer las cosas.

Sin embargo, después de todo, me he quedado con una duda. Tal vez don Tercero es en realidad una obra ficcional que yo he tomado como constitucional, y no pretende más que entretenernos  mientras habita en el limbo de los sueños.

4 personas hablaron:

Ego dijo...

Excelente análisis de Don Tercero. Caramba, si tenemos leyes tan buenas... El problema es que no se aplican.

María Oceánica dijo...

¡Hola! ¡Eres el primero que comenta mi blog! ¡Gracias! Sí, realmente está muy bien esa ley, como suelen estar bien los programas educativos, pero nadie les hace caso.

Donpatoanonimo dijo...

El conocimiento es poder y el poder es una posesión que se cuida celosamente, de la gente en el poder viene la frase "calladito te ves más bonito".
Creo que como están las cosas México debería ganar en todos los certámenes de belleza existentes y por existir

María Oceánica dijo...

Jajaja, sí, tal vez.